Ayer me llamaron para comunicarme que me había tocado por sorteo ser dueña de todos los relojes del mundo durante cuarenta y ocho horas y diez minutos.
Y así comenzó mi poder sobre los relojes.
Como me apetecía tomar el té en mi salón, moví las manecillas del reloj hasta la hora del té, e invité a Gatocupado y a los estrasburgueses, con su curioso rubor permanente y moteado que les adorna las mejillas. Brandon trajo a Gato Insólito, porque era un día especial. Cuando todos llegaron, empezamos con las pastas y estuvimos conversando sobre la planta herbácea de flores azules llamada “nomeolvides”.
Gato Insólito nos mostró una postal que le habían enviado desde Rávena, en la que al final se incluía una nota aclaratoria sobre el verbo redargüir, que como ya suponía, se acentúa en su conjugación como el verbo construir.
Y tras esto, llegó el último invitado, directamente del aeropuerto, preparado para encontrarse con cualquier cosa después de enterarse de que las pastas se estaban acabando (los estrasburgueses tenían apetito). Pero no teníamos prisa, el tiempo y todos los relojes me pertenecían.
Cuando el último invitado se hubo sentado en el último hueco, se hizo un silencio incómodo.
Gato Insólito se atrevió a romper el hielo.
- ¿De qué parte de Georgia es usted?
- De Tiflis, la capital – respondió algo nervioso y con voz entrecortada.
Gato Insólito movió la cabeza de arriba a abajo. Cómo si tuviera que consentir algo –pensé. Valiente inútil.
La presencia de los jóvenes músicos de la Orquesta de Cámara de Leningrado nos deleitó con un Tango de Goran Bregovic, que suplió la carencia de conversación del momento de manera espléndida. Me quedé ensimismada durante un momento que no sé cuánto duró exactamente, aquella compenetración tan perfecta de todos los instrumentos y la vibración de “la habitación”, fue lo más maravilloso que había escuchado nunca.
Cuando desperté de mi ausencia, todos se habían marchado, pero no me importó.
Paré los relojes del mundo entero y les supliqué a los músicos que tocaran aquello de nuevo, y que no pararan jamás.
viernes 4 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


2 cartas sin remitente:
Bonito, precioso, ya te dité más...
Me doy cuenta de que esto tuvo que pasar hace mucho tiempo antes de que Brandon murira...
Guii, sólo sé decir que me molan tus textos de cuando se te va la pinza en la biblioteca =)
Me tienes que presentar a Brandon, eh? A Gato Insólito no porque ya lo conocí por teléfono.
Publicar un comentario en la entrada