Phil estaba muy triste. Se le venían las paredes encima y no podía tocar la savia de los árboles de mi jardín porque se ponía a llorar al instante. Todo era por ella. Se la imaginaba con la expresión indiferente sentada en su trono, pensando en lo divertido que era todo tan lejos y con un doble cristal oscuro de por medio. Él la imaginaba corriendo por el otro lado de la valla del camino que conducía a la ciudad, la que les llegaba por las rodillas.
La sentía borrosa, desvaneciéndose, casi invisible. A veces Phil me decía que para ella todo parecía ser muy fácil, pero que para él no era así. Y que necesitaba escuchar: “te necesito, o no te necesito”. Entonces me miró y me dijo con una voz extraña que ese no era su mejor día.
Y yo creo que te entendiendo, Phil. ¿Pero qué quieres que te diga? No me gusta verte triste, venga, vamos a dar un paseo.
Fuimos a la noria que han puesto cerca del palacio y luego le invité a comer un pastel que hice, pero se puso a llorar mientras estábamos hablando. Se levantó de la silla y subió rápido las escaleras y no he vuelto a saber nada de él.
Esta casa gigante y vacía y este frío otoño no ayudan a Phil. Y yo no puedo hacer nada.

2 cartas sin remitente:
Suponemos que Phil pasa por uno de esos días que se suelen omitir en las biografías.
Un saludo y un canto de ballena. =)
todo me recuerda a que una vez que bajas no puedes volver a levantarte que por mucho que todo parezca bonito al final todo acaba que por mucho que ames nunca serás correspondido entiendo porque estaba triste Phil... tal vez no.
Publicar un comentario en la entrada