domingo 25 de octubre de 2009

Phil

Phil estaba muy triste. Se le venían las paredes encima y no podía tocar la savia de los árboles de mi jardín porque se ponía a llorar al instante. Todo era por ella. Se la imaginaba con la expresión indiferente sentada en su trono, pensando en lo divertido que era todo tan lejos y con un doble cristal oscuro de por medio. Él la imaginaba corriendo por el otro lado de la valla del camino que conducía a la ciudad, la que les llegaba por las rodillas.


La sentía borrosa, desvaneciéndose, casi invisible. A veces Phil me decía que para ella todo parecía ser muy fácil, pero que para él no era así. Y que necesitaba escuchar: “te necesito, o no te necesito”. Entonces me miró y me dijo con una voz extraña que ese no era su mejor día.
Y yo creo que te entendiendo, Phil. ¿Pero qué quieres que te diga? No me gusta verte triste, venga, vamos a dar un paseo.
Fuimos a la noria que han puesto cerca del palacio y luego le invité a comer un pastel que hice, pero se puso a llorar mientras estábamos hablando. Se levantó de la silla y subió rápido las escaleras y no he vuelto a saber nada de él.
Esta casa gigante y vacía y este frío otoño no ayudan a Phil. Y yo no puedo hacer nada.

2 cartas sin remitente:

Pescador de Ballenas dijo...

Suponemos que Phil pasa por uno de esos días que se suelen omitir en las biografías.
Un saludo y un canto de ballena. =)

El Informador dijo...

todo me recuerda a que una vez que bajas no puedes volver a levantarte que por mucho que todo parezca bonito al final todo acaba que por mucho que ames nunca serás correspondido entiendo porque estaba triste Phil... tal vez no.