Siempre pensó que el amor no existía, para él era una mera excusa con la que dar sentido a vidas vacías.
Nunca tuvo a nadie que le trajera desayunos a la cama, ni que le pintara bigotes de gato algunas tardes de primavera. Nadie le había besado las lágrimas. Nunca hizo batido de plátano para dos, y no sabía lo que era echar de menos. Jamás se olvidó de mirar su reloj.
Demian era como una casa vacía, con mucho eco, y con las ventanas rotas.
Conocía perfectamente los cinco rincones de la Tierra, pero estaba perdido.

1 cartas sin remitente:
A este Demian hay que enseñarle bien las cosas, que cree saber mucho, pero poco sabe de nada. Aunque no le spoilearemos de momento nada, pero lo mismo se encuentra con ciertas playas y ciertos Soles y ciertos “no sé cómo llegar al centro, pues coge el 160” y “¿dónde compro algo de dulce por aquí?”
Solo tiene que ser paciente, sólo un poquito más, no falta nada, tiene que ser muy valiente y seguir encarando el devenir con alegría y esperanza, que cada paso no sea vacilante, sino firme y encarando todo lo que venga.
¡Ánimo Demian! Pero n ote ajuntes mucho con el Principito que es un cancamusero y puede llevarte a la ruina...
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